Thursday, December 03, 2009

Un mundo sin manos y muy pequeño, por Juan Antonio Ruíz

3.12.2009.

 


En Aragón Liberal

 

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Juan Antonio Ruiz | buenasnoticias@arcol.org

 

 

Si se observa una fotografía de Jessica Cox, todo parecería sugerir que uno se encuentra delante de una chica normalísima. Pero al fijarse detenidamente en la imagen salta a la vista -¡qué irónico llamarlo así!- un detalle: Jessica no tiene brazos.

 

«Era difícil ser diferente». Así resume su niñez y adolescencia, cargadas de desilusiones y de luchas. Pero también de alegrías y de gozos, como en las actividades de gimnasia, karate, canto y baile. Aunque, claro, uno no puede sino comprender que a esta joven estadounidense le llegasen las pataletas y berrinches, como ella los llama, cuando se enfadaba por la falta de extremidades. Bastaría imaginar las continuas miradas, los comentarios…

 

«Yo solía irritarme mucho cuando la gente me miraba caminando por la calle o por la manera de comer con mis pies. Pero he aprendido a sacar lo positivo de esas situaciones y me dan la oportunidad de utilizar ese canal de vibraciones positivas y ser un ejemplo de optimismo».

 

Pasaron los años, y a Jessica el mundo se le hacía pequeño. Se graduó en Psicología en la Universidad de Arizona, aprendió a manejar, a secarse el pelo, a escribir 25 palabras por minuto con un bolígrafo y hasta a ponerse lentes de contacto. ¡Todo con sus pies! Pero, el mundo seguía quedándole pequeñísimo…

 

¿Qué hacer? Decidió dejar volar sus sueños y se convirtió, con sus 26 años, en la primera mujer piloto en la historia de la aviación que lo hace sin brazos. «A veces -dice Jessica- el miedo se basa en una falta de conocimientos y de lo desconocido. Cuando empecé a volar, me di cuenta que mi temor era porque yo no sabía mucho sobre esto».

 

Son muchas las virtudes que la joven ha necesitado para salir adelante. No obstante, ella da un lugar privilegiado al apoyo de sus padres, que han sido «un modelo y siempre me dicen que puedo hacer cualquier cosa que yo me proponga». Por ello, busca tener con ellos detalles de cariño, incluso ingeniosos, como aquel día de la madre en que colgó en su avión una pancarta que leía: «¡Mira, mamá, sin manos!».

 

No contenta con todo lo adquirido, Jessica sueña aún: «Sé que será difícil tener una familia, pero sé que voy a ser una buena mamá». Y, entre risas, se imagina lo difícil que va a ser que un pretendiente le pida la "mano" a sus padres. ¡Sentido del humor no le falta!

 

Podemos suponer la cantidad de retos que ha implicado a Jessica Cox llegar hasta este momento. Pero ella es muy consciente que, «cuanto mayor es la dificultad, mayor es la gloria». Una gloria luchada, sufrida, pero que sólo se consigue con un corazón grande, como el de Jessica, a la que el mundo que le sigue quedando muy, pero muy pequeño.

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