Sunday, July 16, 2006

El Sagrado Corazon: Un reino de paz y justicia; un reino de Amor.

“REINARÉ EN ESPAÑA”

Son bastantes numerosas las ciudades de todo el mundo cristiano que en sus alrededores tienen un monumento al Corazón de Jesús. España no iba a ser menos. El Sagrado Corazón de Jesús está muy ligado a la festividad de Cristo Rey y a veces a los pies de la imagen se puede leer “Reinaré en España”.Bueno pues en Bilbao existe un monumento hermosísimo que durante la Republica intentaron quitar de en medio. No lo consiguieron porque un grupo de personas lo impidieron rodeándolo durante días mientras rezaban. Últimamente como estaba deteriorado por el paso del tiempo lo han restaurado y lo han dejado precioso, pero mira por donde, ¡que casualidad!, la inscripción “Reinaré en España” ha desaparecido. ¿Por qué habrá ocurrido esto? Será por lo de reinaré en España? Otro motivo para quitar el “Reinaré en España”, ha podido ser que verdaderamente no quieren que reine el Señor, que no lo necesitan? Puede que sea por los dos motivos. No todos los de esa parte de España piensan así, pero lo que ha ocurrido en Bilbao es muy triste. Primero: por el rechazo a Cristo y segundo: por rechazar a España. Peor para ellos, por encima de ideologías torcidas y perversas Cristo seguirá siendo Dios y seguirá siendo Rey, no solo de Bilbao sino del mundo entero. Y España seguirá siendo la Patria de los españoles, entera o triturada en parcelas pequeñitas, pero siempre presente como una realidad histórica indiscutible y permanente.

Piedad Sánchez de la Fuente

Mi contestación sentida:

Una persona sin odio dijo:


Agradezco a Piedad su carta sobre el Sagrado Corazón. De chaval estudié en los Corazonistas, e íbamos al Cerro de los Ángeles todos los años, y siempre me dejó asombrado, con mis ojos de niño, ver al Sagrado Corazón fusilado y a sus santos también. Bien sabía que eran de piedra, que Dios desde arriba no sufría daño. Pero eran como insultos de odio y latigazos al Corazón de Jesús y a los cristianos.

Yo aprendí de los corazonistas a pedir por los que ofenden al Sagrado Corazón, no a odiarlos. Porque sentía lástima de esos pobres hombres, ignorantes, que arremetían contra lo que, decían, no existía. O bien, pensaban hacer un mal a Dios.

Pero eso no impide que ese Corazón de Jesús reine en el corazón de los cristianos y que nosotros le encomendemos la labor de gobernar y tutelar España. Eso es bueno, porque Dios es bueno y misericordioso.

Son los reinos de los hombres los que se contaminan con el odio. Son las mentes humanas las que, en ese tiempo, crearon las checas, los gulab, los campos de exterminio, los asesinatos y violaciones en masa. De esos reinos, de los del odio, líbranos Señor.

Del Sagrado Corazón sólo tengo una seguridad: que su reino es de Amor.
¿Quién no lo querrá?

frid

El cachorro de La Barranca.

El cachorro de La Barranca.

Como tantos madrileños, se pusieron de acuerdo los hermanos y cuñados para ir con los hijos por el sendero de La Barranca, a ver si llegaban al Mirador; un paseo sencillo en el que disfrutar ellos de los críos; los críos del retozar, coger palos y alguna sufrida lagartija, pedir agua, preguntar si falta mucho, decir papá ahusa, y esas cosas que hacen amena una jornada campera. Porque ellos disfrutan, como todos los padres, contemplando el bullir de sus hijos.

Iban así, cuando Carlitos divisa un cachorro de perro que se les acerca mimoso. Le rodean los locos enanos, pero el cachorro ni se inmuta, más bien, insensato, se acerca más y se deja tocar, mesar, y, después de unas carantoñas, coger en brazos. En definitiva, se gana el cariño de los niños y la tolerancia de los padres. Al fin y al cabo el corazón anda sobrado. Y, como uno más, se apunta a la excursión mañanera.

Ya hay un aliciente más en esa jornada dominguera: los padres contemplan y estudian a sus hijos, los niños contemplan y experimentan con el perro. Bien se gana que, en el reparto, algo le caiga. Se ve que lleva tiempo sin probar bocado, porque no desprecia nada.

Los juegos de niños tienen una razón más y el atractivo de los caprichos imprevisibles del ser perruno; incluso es objeto de disputas sobre quién lo tiene más, quien es o no un abusica. Algún morrito lloroso, alguna intervención de los mayores para equilibrar la balanza con los mimos al que los va precisando. Los papás, algo más traviesos, azuzan a los pequeños para que hagan correr al perro. Eso motiva que en la breve siesta, incluso el nuevo amigo encaje en ese nuevo juego que es el dejarle tranquilo. Eso sí duerme con un ojo abierto, no vaya a ser que sea una treta y le dejen sólo en el bosque.

La vuelta es feliz, y es la hora de las cervezas de los mayores, mientras el mundo de los pequeños corretea a sus pies, usando incluso las piernas de los papás como seguro escondite.

Viene ahora la mirada al perrito y las miradas entre los papás: tenemos muchos críos y la casa pequeña. Vamos a hablar con el dueño del bar. Vienen, discretos, los guardas del parque, se llevan al perrito a una perrera porque, les dicen, como es pequeño y de raza, será con seguridad adoptado enseguida.

Los críos lo miran casi de sorpresa. Vienen las explicaciones de los papás, y, no hacen falta muchas porque se nota enseguida que también ellos se habían encariñado con el pobre animal. No es un niño, pero es un ser vivo y es un ser de buena raza y leal.

La vuelta de la Barranca tiene un deje ligero de tristeza, se han dejado al compañero de viaje ¿qué será de ese cachorro?, ¿tendrá ahora un nuevo hogar?

Lo que es seguro es que esa excursión ha sido singular.

frid