Tuesday, November 10, 2009

EL AÑO 1989. Una loa a Juan Pablo II

10.11.2009.

 


Por: Remedios Falaguera

En Aragón Liberal

"Juan Pablo II es el político más grande de la época contemporánea. La suya es una dirección política basada en la negación de la lógica de la violencia, en la lucha continua por las ideas de paz y de un nuevo orden mundial, verdaderamente pacífico y justo". Mijail Gorbachov

 

A 20 años de la caída del "Muro de Berlín" resulta obvio que los medios de comunicación nos bombardeen con programas especiales acerca del acontecimiento más importante del S. XX. Es más, muchos de nosotros, jóvenes entonces, sentimos la necesidad de conocer las piezas claves que nos hagan entender mejor los acontecimientos ocurridos el año 1989 en los países de Europa central y oriental.

En primer lugar, porque es un deber de justicia para con todos aquellos que participaron de manera directa o indirecta en la destrucción pacifica de un muro, considerado por muchos como el muro de la vergüenza para el ser humano. ¿Quién puede olvidar las lágrimas de felicidad de todos aquellos que horas antes se manifestaban por las calles de Berlín Este, o de Leipzig, defendiendo la dignidad y los derechos de la persona humana?

Recordemos aquí  el papel fundamental que jugaron los principales protagonistas de este momento histórico: lideres políticos, sociales y religiosos, ciudadanos comprometidos por arraigar en sus vidas un socialismo más humano, y, porqué no, también de los  espectadores incrédulos y temerosos a las represalias de las autoridades, se vieron arrastrados por  la marea humana que no duda en abrazar a Occidente sin el más mínimo remordimiento.

Y en segundo lugar, porque la emoción contenida de cientos de miles de ciudadanos que irrumpieron en las calles de Berlín occidental para celebrar su primera noche de libertad nos enseña algo mucho más importante, mucho más arraigado en las entrañas del ser humano: Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen. "O caminamos todos juntos hacia la paz, o nunca la encontraremos", como decía Benjamin Franklin. 

Y es que todos ellos son el ejemplo vivo de que para contribuir a la extensión de la democracia y reinstaurar de manera pacifica los derechos y libertades del ser humano – en este caso de los ciudadanos de la Europa del Este-, no dudaron en unir sus fuerzas, olvidar sus diferencias, y  trabajar codo con codo por el bien común. 

No obstante, no quiero dejar pasar la ocasión de trasladarles un hecho que estos días me entristece, y mucho. Y es el olvido intencionado en los medios de comunicación de mostrar el papel fundamental que jugó Juan Pablo II en "buscar formas de lucha y soluciones políticas más respetuosas para con la dignidad de la persona humana".

Como señalaba Lech Walesa: "si preguntáis quién es el autor de la independencia polaca y de la caída del Muro de Berlín y del imperio soviético, la respuesta es una sola: Juan Pablo II. Sin él todo esto no habría sucedido nunca. Él ha activado la reacción en cadena de la que somos testigos". Y añadía las tres indicaciones que les dió Juan Pablo II en su primer viaje a Polonia, y que fueron la semilla de los primeros sindicatos libres en un país comunista: "Vivid en la verdad", "No tengáis miedo", "Cambiad el rostro de esta tierra".

¿Quién no recuerda el esperanzador encuentro de Juan Pablo II con el líder soviético en 1989, en el que Gorbachov se atrevió a afirmar: "Hoy podemos decir que todo lo que ha ocurrido en Europa Oriental no habría sucedido sin la presencia de este Papa (Juan Pablo II)…Nos encontramos en un momento muy delicado de transición, en el que el hombre, la persona, tiene y debe tener un peso verdaderamente determinante. Y todo aquello que sirva para reforzar la conciencia del hombre, su espíritu, es hoy más importante que nunca"?

¿O cómo nos emocionamos al ver las imágenes de los obreros del sindicato  Solidaridad confesándose en los astilleros de Gdansk?

Pues bien, para festejar esta fecha tan señalada de nuestra historia reciente, les recomiendo que lean el capítulo dedicado al año 1989 de la Encíclica Centesimus annus del Papa Juan Pablo II, fechada dos años después (1 de mayo de 1991), en la que se muestra con claridad que "Juan Pablo II es sobre todo un Hombre, un Hombre con mayúscula. Y él es el defensor del hombre, de toda la humanidad. El defensor de los derechos humanos sin hipocresía, un defensor sincero y perseverante…Él es un verdadero apóstol de humanismo", como señalaba Mijail Gorbachov.

 
Es un poco largo, aunque para hacérselo más ligero intentaré anotar los párrafos que considero más importantes. De todas formas les recomiendo su lectura completa, ¡vale la pena!
 

EL AÑO 1989

Palabras de agradecimiento

"En unión con toda la Iglesia doy gracias a Dios por el testimonio, en ocasiones heroico, que han dado no pocos pastores, comunidades cristianas enteras, fieles en particular y hombres de buena voluntad en tan difíciles circunstancias, le pido que sostenga los esfuerzos de todos para construir un futuro mejor. Es ésta una responsabilidad no sólo de los ciudadanos de aquellos países, sino también de todos los cristianos y de los hombres de buena voluntad. Se trata de mostrar cómo los complejos problemas de aquellos pueblos se pueden resolver por medio del diálogo y de la solidaridad, en vez de la lucha para destruir al adversario y en vez de la guerra".

Factores de la caída de los regímenes  marxistas que merecen ser recordados

1. La violación de los derechos del trabajador.

"Son las muchedumbres de los trabajadores las que desautorizan la ideología, que pretende ser su voz; son ellas las que encuentran y como si descubrieran de nuevo expresiones y principios de la doctrina social de la Iglesia, partiendo de la experiencia, vivida y difícil, del trabajo y de la opresión".

"Una lucha pacífica, que emplea solamente las armas de la verdad y de la justicia", que insiste tenazmente en intentar todas las vías de la negociación, del diálogo, del testimonio de la verdad, apelando a la conciencia del adversario y tratando de despertar en éste el sentido de la común dignidad humana (…) Parecía como si el orden europeo (…) no pudiese ser alterado más que por otra guerra. Y sin embargo, ha sido superado por el compromiso no violento de hombres que, resistiéndose siempre a ceder al poder de la fuerza, han sabido encontrar, una y otra vez, formas eficaces para dar testimonio de la verdad. Esta actitud ha desarmado al adversario".

"Doy también gracias a Dios por haber mantenido firme el corazón de los hombres durante aquella difícil prueba, pidiéndole que este ejemplo pueda servir en otros lugares y en otras circunstancias. ¡Ojalá los hombres aprendan a luchar por la justicia sin violencia, renunciando a la lucha de clases en las controversias internas, así como a la guerra en las internacionales!".

2. La ineficiencia del sistema económico. "Como consecuencia de la violación de los derechos humanos a la iniciativa, a la propiedad y a la libertad en el sector de la economía. A este aspecto hay que asociar en un segundo momento la dimensión cultural y la nacional.(…) Al hombre se le comprende de manera más exhaustiva si es visto en la esfera de la cultura a través de la lengua, la historia y las actitudes que asume ante los acontecimientos fundamentales de la existencia, como son nacer, amar, trabajar, morir. El punto central de toda cultura lo ocupa la actitud que el hombre asume ante el misterio más grande: el misterio de Dios (…) Por esto, la lucha por la defensa del trabajo se ha unido espontáneamente a la lucha por la cultura y por los derechos nacionales(…) El marxismo había prometido desenraizar del corazón humano la necesidad de Dios; pero los resultados han demostrado que no es posible lograrlo sin trastocar ese mismo corazón". 

3. Éxito de la voluntad de negociación y del espíritu evangélico contra un adversario decidido a no dejarse condicionar por principios morales: "son una amonestación para cuantos, en nombre del realismo político, quieren eliminar del ruedo de la política el derecho y la moral. Ciertamente la lucha que ha desem- bocado en los cambios del 1989 ha exigido lucidez, moderación, sufrimientos y sacrificios; en cierto sentido, ha nacido de la oración y hubiera sido impensable sin una ilimitada confianza en Dios, Señor de la historia, que tiene en sus manos el corazón de los hombres".

"Sin embargo, no se pueden ignorar los innumerables condicionamientos, en medio de los cuales viene a encontrarse la libertad individual a la hora de actuar (…) No sólo no es lícito desatender desde el punto de vista ético la naturaleza del hombre que ha sido creado para la libertad, sino que esto ni siquiera es posible en la práctica. Donde la sociedad se organiza reduciendo de manera arbitraria o incluso eliminando el ámbito en que se ejercita legítimamente la libertad, el resultado es la desorganización y la decadencia progresiva de la vida social".

4. El hombre tiende hacia el bien, pero es también capaz del mal. "El orden social será tanto más sólido cuanto más tenga en cuenta este hecho y no oponga el interés individual al de la sociedad en su conjunto, sino que busque más bien los modos de su fructuosa coordinación (…) Cuando los hombres se creen en posesión del secreto de una organización social perfecta que hace imposible el mal, piensan también que pueden usar todos los medios, incluso la violencia o la mentira, para realizarla. La política se convierte entonces en una «religión secular», que cree ilusoriamente que puede construir el paraíso en este mundo.  

Consecuencias de los acontecimientos del año 1989 que afectan a toda la familia humana. 

1. El encuentro entre la Iglesia y el Movimiento obrero, nacido como una reacción de orden ético y concretamente cristiano contra una vasta situación de injusticia (…) formas espontáneas de la conciencia obrera, que ponen de manifiesto una exigencia de justicia y de reconocimiento de la dignidad del trabajo, conforme a la doctrina social de la Iglesia. El Movimiento obrero desemboca en un movimiento más general de los trabajadores y de los hombres de buena voluntad, orientado a la liberación de la persona humana y a la consolidación de sus derechos.

2. La segunda consecuencia afecta a los pueblos de Europa. En los años en que dominaba el comunismo, y también antes, se cometieron muchas injusticias individuales y sociales, regionales y nacionales; se acumularon muchos odios y rencores (…) Es de esperar que el odio y la violencia no triunfen en los corazones, sobre todo de quienes luchan en favor de la justicia, sino que crezca en todos el espíritu de paz y de perdón.

Sin embargo, es necesario a este respecto que se den pasos concretos para crear o consolidar estructuras internacionales, capaces de intervenir, para el conveniente arbitraje, en los conflictos que surjan entre las naciones, de manera que cada una de ellas pueda hacer valer los propios derechos, alcanzando el justo acuerdo y la pacífica conciliación con los derechos de los demás. Todo esto es particularmente necesario para las naciones europeas, íntimamente unidas entre sí por los vínculos de una cultura común y de una historia milenaria. En efecto, hace falta un gran esfuerzo para la reconstrucción moral y económica en los países que han abandonado el comunismo (…) la paz y la prosperidad son bienes que pertenecen a todo el género humano, de manera que no es posible gozar de ellos correcta y duraderamente si son obtenidos y mantenidos en perjuicio de otros pueblos y naciones, violando sus derechos o excluyéndolos de las fuentes del bienestar.

3. Para algunos países de Europa comienza ahora, en cierto sentido, la verdadera postguerra. Es justo que en las presentes dificultades los países excomunistas sean ayudados por el esfuerzo solidario de las otras naciones: obviamente, han de ser ellos los primeros artífices de su propio desarrollo; pero se les ha de dar una razonable oportunidad para realizarlo, y esto no puede lograrse sin la ayuda de los otros países.

(…) La ayuda de otros países, sobre todo europeos, que han tenido parte en la misma historia y de la que son responsables, corresponde a una deuda de justicia. (…) Esta exigencia, sin embargo, no debe inducir a frenar los esfuerzos para prestar apoyo y ayuda a los países del Tercer Mundo, que sufren a veces condiciones de insuficiencia y de pobreza bastante más graves 59. Será necesario un esfuerzo extraordinario para movilizar los recursos, de los que el mundo en su conjunto no carece, hacia objetivos de crecimiento económico y de desarrollo común, fijando de nuevo las prioridades y las escalas de valores, sobre cuya base se deciden las opciones económicas y políticas.

(…) Sobre todo será necesario abandonar una mentalidad que considera a los pobres —personas y pueblos— como un fardo o como molestos e importunos, ávidos de consumir lo que otros han producido. Los pobres exigen el derecho de participar y gozar de los bienes materiales y de hacer fructificar su capacidad de trabajo, creando así un mundo más justo y más próspero para todos. La promoción de los pobres es una gran ocasión para el crecimiento moral, cultural e incluso económico de la humanidad entera".

Lección de vida a modo de conclusión

"En fin, el desarrollo no debe ser entendido de manera exclusivamente económica, sino bajo una dimensión humana integral (…) Se trata de fundar sobre el trabajo solidario una vida más digna, hacer crecer efectivamente la dignidad y la creatividad de toda persona, su capacidad de responder a la propia vocación y, por tanto, a la llamada de Dios. El punto culminante del desarrollo conlleva el ejercicio del derecho-deber de buscar a Dios, conocerlo y vivir según tal conocimiento.

Hay que reconocer íntegramente los derechos de la conciencia humana, vinculada solamente a la verdad natural y revelada.

(…) No es posible ningún progreso auténtico sin el respeto del derecho natural y originario a conocer la verdad y vivir según la misma. A este derecho va unido, para su ejercicio y profundización, el derecho a descubrir y acoger libremente a Jesucristo, que es el verdadero bien del hombre". 

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