Friday, May 09, 2008

Mensaje para los peregrinos de la Jornada Mundial de la Juventud en Sidney.

9.5.2008.

 El secreto del verdadero peregrino.



El camino a la Jornada Mundial de la Juventud 2008 (JMJ) es una oportunidad para vivir la experiencia de encontrar a Jesucristo, la única que convierte en auténticos apóstoles de su Buena Nueva así lo explica el obispo coordinador de la cercana JMJ en Sydney (Australia).

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El secreto para ser auténtico apóstol: mensaje a e-peregrinos de la JMJ

El encuentro del Papa con los jóvenes del mundo en Sydney

SYDNEY, miércoles, 7 mayo 2008  (ZENIT.org).- El camino a la Jornada Mundial de la Juventud 2008 (JMJ) es una oportunidad para vivir la experiencia de encontrar a Jesucristo, la única que convierte en auténticos apóstoles de su Buena Nueva.

Así lo explica el obispo coordinador de la cercana JMJ en Sydney (Australia), donde se espera a Benedicto XVI en el gran encuentro de fe y fiesta con jóvenes de todo el mundo.

La última edición del boletín e-PEREGRINACIÓN> («e-PILGRIMAGE>») profundiza en el tema de la convocatoria internacional: el versículo de Hechos de los Apóstoles (1,8) «Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros, y seréis mis testigos», palabras de Jesús elegidas por el Papa para la JMJ.

«Y seréis mis testigos»: es el título del «Mensaje de Esperanza» en el que monseñor Anthony Fisher avisa a los jóvenes: «El mundo necesita testigos»; «todos buscamos respuestas en nuestras vidas. Aún sin saberlo, estamos buscando a Dios».

«Pero necesitamos que otros nos indiquen el camino, para decirnos que Jesús es la respuesta a todos nuestros anhelos», subraya.

Y «como nadie puede dar de lo que no tiene», lo único que hace posible el anuncio del Señor es haberle encontrado en nuestras vidas; mejor dicho -puntualiza el prelado--, haber «permitido que Él nos encuentre».

«Nuestro apostolado es auténtico sólo si nace de nuestro encuentro personal con Jesucristo y de nuestro deseo de ser santos. El Bautismo nos ha dado la misión de proclamar la Buena Nueva de Jesús y por ello nos convertimos en testigos», explica.

Una sugerencia del obispo australiano australiano a los jóvenes peregrinos: «El primer campo de apostolado tengo que ser yo mismo», porque «sólo si verdaderamente he encontrado a Cristo, sólo si Él se transforma en el centro y modelo de mi vida, sólo entonces podré anunciarlo a los demás».

¿Y qué hay que testimoniar de Cristo? «Su amor sanador, su presencia», responde monseñor Fisher; «tenemos que proclamar con nuestras propias vidas que Él es el único camino verdadero que nos da la Vida, y la Vida en abundancia».

De todo ello brota otra constatación, según el prelado: «La mayor tarea social es la santidad, ya que el mejor apóstol es el que es santo y son precisamente los santos quienes pueden cambiar el mundo para reformarlo. Y para ser santos debemos ser testigos, cooperando con Cristo en Su Misión».

Lejos de ser una misión privada, se trata del ideal de toda la Iglesia. «La Iglesia nos invita a participar en la aventura de la nueva Evangelización -dice el prelado-- y en Sydney la Iglesia nos invita a ser testigos de Cristo para los jóvenes del mundo».

«Respondamos con generosidad --exhorta--. Dejemos que la voz del Señor encuentre un eco en nuestro corazones: "Sed mis testigos... hasta los confines de la tierra"».

Continuando con el tema del apostolado, y en vísperas de Pentecostés, el boletín invita a orar de la mano del cardenal inglés John Henry Newman (1801-1890), sacerdote anglicano convertido a la Iglesia católica, en camino de beatificación.

Transcribimos a continuación la oración del purpurado:

Jesús mío, ayúdame a esparcir tu fragancia donde quiera que yo vaya.

Inunda mi alma con tu Espíritu y Vida; penetra en mi todo mi ser y toma posesión de tal manera que mi vida no sea en adelante sino una irradiación de la tuya.

Quédate en mi corazón con una unión tan íntima que las almas que tengan contacto con la mía puedan sentir en mí tu presencia y que, al mirarme, olviden que yo existo y no piensen sino en Ti.

Quédate conmigo. Así podré convertirme en luz para los otros.

Esa luz, oh Jesús, vendrá de Ti; ni uno sólo de sus rayos será mío: yo te serviré apenas de instrumento para que Tú ilumines a las almas a través de mí.

Déjame alabarte en la forma que es más agradable, llevando mi lámpara encendida para disipar las sombras en el camino de otras almas.

Déjame predicar tu Nombre pero no con palabras, sino con mi ejemplo, con la fuerza de tu atracción, con la influencia compasiva de lo que hacemos y el amor evidente que mi corazón siente por Ti. Amén.

En el enlace http://www.wyd2008.org/index.php/es/pilgrims_registration/epilgrimage se puede descargar en formato pdf el último boletín y sus ediciones anteriores. 

Web oficial plurilingüe de la JMJ: www.wyd2008.org

Por Marta Lago

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